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La cueva de los Muertos

Filed Under (Salidas) by Administrador on 28-03-2012

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 El 26 de febrero cuatro miembros del Grupo Espeleológico G40 de Priego de Córdoba empleamos el día en una intensa jornada de trabajo espeleológico en Sierra Alcaide (Priego).

El objetivo primordial era la topografía de la llamada Cueva de los Muertos o también Cueva del Portugués. Finalmente fuimos privilegiados testigos de un insólito hecho.

 

La cavidad tiene dos zonas bien diferenciadas a la cual se accede por bocas independientes. Este hecho nos vino bien a la hora de hacer dos grupos de topografía ya que cada uno trabajó en su zona sin molestar las tareas del otro.

A la vez ambas zonas, aún siendo parte de la misma fractura, está morfológicamente bien diferenciadas, teniendo como punto de unión la sala de la boca  principal. La primera es la típica diaclasa, de fractura vertical de escasa anchura que va ganando en desnivel con continuos pozos o destrepes. Los espeleotemas son escasos. En la segunda la fractura alcanza un plano de inclinación de 40 grados. Aunque no llega a mucha altura, al hacer su pared derecha las veces de suelo, las proporciones en anchura la hacen asimilarse más a una cueva propiamente dicha. Es en esta zona donde los espeleotemas alcanzan gran profusión. La zona más vistosa un rincón donde sobre la capa estalagmítica que cubre el suelo inclinado hallamos varias estalagmitas, por encima de las cuales el agua ha penetrado por una fractura donde se han ido enlazando bajo relieves en la colada junto a estalactitas y banderas. Precisamente una de ellas es el espeleotema menos usual, por la dimensión que alcanza. Se trata de una bandera que llega a tener 70 centímetros de anchura por 7 milímetros de grosor.

Uno de los grupos pudo concluir su labor, mientras que el otro, por las adversas condiciones de exploración no pudo hacerlo. Mientras que se esperaba en la puerta se localizaron  cuatro diaclasas en el exterior  que no se habían catalogado, aprovechando para tomar los datos necesarios para hacerlo. Se exploró una de ellas que resultó de reducidas dimensiones.

La Cueva de los Muertos en su día tuvo gran interés arqueológico, ya que en su interior fueron hallados enterramientos de la prehistoria reciente. Al encontrarnos en dicha zona fuimos testigos de un hecho cuando menos curioso, por no decir insólito, entre una serie de aspectos singulares de la misma. Y ahora explicaré el por qué:

Tras las tres últimas salidas a la citada sierra realizadas el pasado mes han sido añadidas al catálogo de Cavidades de Córdoba, que se viene elaborando desde hace diez años por el G40, 17 nuevos fenómenos espeleológicos entre cuevas, simas y bocas por desobstruir. La zona ronda ya las 150, muchas de las cuales han sido exploradas al completo.

Puede no resultar insólito que, de todas ellas, haya sido ésta y no otra la elegida para tan importante ritual en la vida de personas que practicaban el culto a los difuntos.

Puede tampoco no serlo el hecho de que posea unas características morfológicas adecuadas para dicho fin.

Si a ello le añadimos que los restos óseos estaban protegidos por un pequeño muro de piedras colocadas de forma artificial, como mínimo el acondicionamiento de la sepultura le da a la cavidad tintes insólitos. Se me viene a la mente en la circunscripción de las Sierras Subbéticas varias cuevas con acondicionamientos antrópicos realizados con piedras, pero el más destacado es el de la Cueva de los Muros en Luque. Éste cuenta con varios y uno de ellos de más de dos metros de altura y también asociado muy posiblemente a la prehistoria.

También podría ser casualidad la orientación de la boca de la cueva hacia el sur.

Otro elemento en juego que no hace por sí solo que estemos hablando de algo insólito es la ubicación y conformación de la boca que hace que la luz solar penetre en su interior y en determinados momentos ilumine ampliamente su primera sala.

Si manteniendo el tema de la luz, cuando el sol está en su punto más alto penetra un único rayo en dicha sala la cosa sería ya bastante “mosqueante”.

Pero si este rayo a modo de foco de un color blanco intenso proyecta una perfecta circunferencia de 10 centímetros en el suelo de la sala y va avanzando por ésta,  ya va uno atando cabos. Y si, finalmente, según pudimos observar, a las doce hora solar dicho foco se coloca sobre el muro de piedra artificial señalando la exacta ubicación del lugar principal del enterramiento el hecho para mi es absolutamente insólito y no tiene que venir Iker Jiménez, ni todo el equipo de Cuarto Milenio, para demostrármelo. Yo, y cualquiera persona que lo observe puede sacar sus propias conclusiones que no serán desmontadas fácilmente con el  argumento de la simple y mera casualidad.
Efectos lumínicos relacionados con lugares funerarios prehistóricos y no prehistóricos han sido ya más que estudiados. Normalmente se construyen haciendo los cálculos necesarios para que la luz inunde un determinado lugar, o un rayo de luz incida sobre cierto punto relevante. En el caso que nos ocupa todo se conjuga para hacernos pensar que nuestros antepasados no construyeron nada aparte de los muros, pero si utilizaron la cavidad por las especiales condiciones que reunía y adaptaron el lugar central de colocación de los cuerpos a donde incidían en su justo momento los rayos solares.

¿Casualidad?…lo único casual de lo relatado es que unos espeleólogos del G40 estuvieran en el lugar adecuado y a la hora exacta para tener el lujo de contemplar “arqueología viva”, pudiendo interpretar la abstracción que un grupo individuos quisieron dejar patente al pensar y ejecutar hace unos cuanto miles de años un ritual funerario con efecto lumínico incluido.

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